Cumpliendo mi fantasía con mi compañera de clase

Era un día igual que todos los demás, si no fuera porque llevaba ya unos cuantos meses sin tener relaciones sexuales, así que con cada falda corta, con cada mallas bien pegadas, con cada escote, con cada pezón bien marcado, me empalmaba con una gran facilidad.

Estaba en clase a primera hora cuando me estaba fijando en las tetas de una de mis compañeras de clase. Unas tetas perfectas que cada vez que se agachaba un poco a la mesa para escribir, casi que dejaba ver uno de sus ricos pezones. Me la imaginé cabalgando encima de mí, mientras le chupaba esos ricos pezones y le masajeaba las tetas con mis manos y como no, mi miembro se despertó y se puso más duro que nunca.

Estaba distraído con esos excitantes pensamientos, cuando de repente me di cuenta que la chica estaba observando el bulto que me hacía el pantalón, que además se notaba bastante. Me sentí un poco avergonzado, pero como vi que ella no me quitaba ojo, poco a poco la vergüenza fue desapareciendo.

Entonces, me acomodé en la silla para que ella pudiera ver mejor el bulto de mi pantalón. Estaba tan excitado de pensar que lo estaba mirando, que el capullo estaba a punto de asomar por fuera del pantalón.

¿Ella estaba realmente interesada en mi bulto? ¿Cómo podía saberlo? Solo con pensar en que podría penetrarla para que gimiera de placer me estaba desesperando ¿Tenía alguna posibilidad?

Fueron unos segundos interminables, mientras la duda y la desesperanza se adueñaban de mí.

Me decidí a romper el silencio pidiéndole una goma de borrar y ella me la dejó muy sonriente.

Viendo que su reacción fue así, me armé de valora e inmediatamente le pregunté:

¿Estás libre después de clase?

A lo que ella respondió: No… no tengo ningún plan

Podría llevarte a tu casa. Hoy he venido en coche.

Ella respondió que estaría encantada. No me podía creer lo que estaba pasando.

Cuando terminó la clase, de camino al coche, pensaba en cómo poder empezar una conversación sexual. Nos montamos en el coche y ninguno de los dos decía nada. De repente se me ocurrió desviarme un poco por un camino a las afueras de la ciudad y pararme con la excusa de hacer pis, colocándome mientras lo hacía en una posición en la que ella pudiera ver mi gorda y ancha verga.

Como ella no le quitaba ojo y al montarme al coche, no pude más, saqué mi mástil y se lo enseñé.

Lejos de alarmarse, ella empezó a acariciar mi polla suavemente y comenzó a decir excitada que que grande estaba mi verga. Entonces empezó a chuparla suavemente con su lengua durante unos segundos y después se la metió en la boca. Era increíble el gusto que estaba sintiendo. ¡Que bien me la estaba chupando!

Después de un rato, le pedí que dejara de chupar mi polla, aunque no quería que acabara nunca ese momento, pero yo también quería darle placer. Entonces le pedí que se desnudará y se sentara encima de mí. Comencé a acariciar sus preciosos senos. No aguante y comencé a chuparlos, con una lujuria loca.

Mientras chupaba sus senos, empecé a acariciar su vagina, que estaba súper húmeda, así que comencé a masturbarla, primero con un dedo… luego dos… hasta que al fin  con tres, escuchaba sus gemidos que aumentaban a medida que aumentaba el movimiento de mis dedos.

Decidí tumbarla en los asientos y empecé besarle el cuello, bajando un poco para comerle las tetas de nuevo, hasta que poco a poco fui bajando para besarle las ingles y acabé comiéndole ese dulce coño que tenía. Notaba como le gustaba que moviera mi lengua dentro de su vagina hasta que sentí como descargo ese líquido.

Estaba tan caliente, que no aguantaba más para penetrarla. Ella estaba muy excitada también y me pidió que lo hiciera bien despacio, para poder sentir mi polla dentro de ella.

Así lo hice, comencé bien despacio, primero la punta y cada vez un poco más, hasta que se la metí hasta el fondo una y otra vez, mientras le chupaba el cuello y y le comía las tetas.

Ella comenzó a moverse con desenfreno y cabalgando encima de mí, justo como me lo había imaginado momentos antes. Al cabo de 15 minutos de jadeantes movimientos me pidió que siguiera hasta que le partiera el coño.

Parecía como si se fuera a desmayar cuando al instante acelere el ritmo de las envestidas, ya me imagino yo como se veía mi coche desde fuera moviéndose de la pasión sexual que se contenía dentro.

Ya no podía aguantar más. Quería correrme. Entonces sentí mi verga llena de líquido y fue entonces cuando me corrí del gusto y ella gimió muy fuerte. Nos quedamos un rato paralizados, porque fue tal el placer que no teníamos ganas de separarnos.

Después ella me pidió que la llevara a casa, me dio un beso con lengua para despedirme y me dijo que por favor, que no le contara nunca a nadie lo que acababa de pasar.

En la actualidad nos seguimos viendo en clase, pero cuando me ve, está un poco distante conmigo, aunque yo a veces la pillo volviendo a mirar mi entrepierna. ¿Querrá volver a repetir algún día?

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