Me follo a mi nueva vecina sin buscarlo

Voy a contar la historia del día que mis nuevos vecinos se mudaron a mi barrio.

Ese día, una vez ya se habían instalado, me acerqué a su nueva casa a presentarme, como buen vecino.

No pude evitar fijarme en ella, debía tener unos 36 o 37 años, era morena, alta delgada, unas buenas piernas que terminaban en un bonito culo. Tenía las tetas más bien pequeñas, pero lo que más me llamaba la atención era la cara de viciosa que tenía. No pude evitar imaginármela con cara de placer (por supuesto, no se me notó ese pensamiento en ningún momento).

El primer día, solo nos saludamos y a partir de ahí, tuvimos un contacto puramente visual. Cuando los veía, era su marido el que hablaba conmigo y ella se limitaba a mirarme y a sonreír. Si me la cruzaba a ella sola, solamente nos saludábamos pero no hablábamos.

Un día coincidí con ella en la cola del supermercado, aunque en diferentes cajas. Ese día iba vestida con una minifalda que le realzaba aun más sus bonitas piernas e iba peinada con una coleta que se la colocaba hacia adelante, al lado de su escote, por lo que no pude evitar fijarme en sus bonitas tetas.

Me encontraba en una situación privilegiada, donde yo podía disfrutar de mirarla sin que ella me viera y podía recrearme todo lo que quisiera. No podía dejar de mirarla. Me tenia cautivado.

Cuando salí con la compra, pude ver que la tenía unos metros más adelante mientras íbamos en dirección a nuestra casas.

De repente, una de sus bolsas se rompió y toda su compra se le cayó al suelo. Como no, me detuve a ayudarla y a recoger toda su compra del suelo.

 – Déjame que te ayude – le dije cuando llegué a su altura y mientras me agacha a recoger cosas

– ¡Muchísimas gracias! – me dijo – menos mal que estás aquí, porque ya me veía dejando toda la compra en el suelo

Entre los dos recogimos como pudimos todo lo que se le había caído

– ¿Sería mucho pedir que me acompañaras hasta casa? – me dijo

– Claro que sí, no hay problema.

Subimos en el ascensor y entre las bolsas de la compra estábamos muy pegados. Iba un poco sudadita del esfuerzo y desprendía un olor que me ponía muy cachondo.

Al estar tan cerca, me di cuenta de que no llevaba sujetador y pude verle uno de los pezones. Entonces, no pude evitar empalmarme un poco.

Llegamos a su planta y entonces ella, con ánimo de coger alguno de los productos de su compra, me tocó la polla sin querer y se dio cuenta de que estaba un poco dura.

Entonces me miró un poco ruborizada.

Yo quise actuar como si nada hubiera ocurrido, pero entonces ella volvió a poner su mano en mi polla y la apretó con fuerza.

Entonces nos besamos.

El beso duró casi un minuto y yo busqué cada centímetro de su cuerpo con mis manos, especialmente su hermoso trasero.

– Qué bien besas – dije yo.

Metimos la compra en su piso rápidamente como pudimos y fuimos a sentarnos en el sofá de su casa. Una vez sentados busqué hacerle caricias en sus muslos, subiendo poco a poco hasta acariciar por dentro a ese bonito coño que tenía y por cierto, muy mojadito.

– Gracias, tú tampoco besas mal. Eres muy habilidoso con la lengua. Como lo seas también en otros labios… – dijo esto y acabó llevándose su dedo índice a sus labios en un gesto travieso.

– Quizás deberíamos comprobarlo ¿no crees? – en ese momento, sin que ella pudiera contestarme, comencé a besarle el cuello al tiempo que una de mis manos buscaba delicadamente una de sus tetas. Dejé un momento de besarle para hacerle una pregunta – ¿llevas algo debajo?

– Compruébalo tú mismo.- Con esa respuesta automáticamente mis manos fueron a quitar su camiseta; aunque podía ya notar sus pezones debajo de esa fina tela, al descubrir sus senos pude ver perfectamente que estaban desnudos, al ver aquellos lindos pezones rodeados de una fina areola me lancé directamente a probarlos con mi boca, ella dio un respingo y me puso una de sus manos en mi cabeza para acompañar mi movimiento.

A pesar de que sus pechos estaban desnudos, su coño estaba cubierto por un tanga blanco de lencería fina muy sexy. Tras probar ambos pezones fui bajando poco a poco hasta llegar al interior de sus muslos, aquello estaba muy caliente y cuando fui a frotar ligeramente su coño por encima de su tanga noté que estaba ligeramente húmedo, ella parecía estar pasándoselo bastante bien conmigo.

Al ir a quitárselo, le pedí si podía hacerlo mostrándome su culazo mientras se bajaba su tanga. Ella accedió y aquella imagen me puso a mil, así que me saqué mi polla rápidamente y ella rápidamente se la introdujo en la boca.

– Joder, qué bien la chupas, como sigas así me corro en nada.

– ¡No! No te corras, que yo también quiero diversión.

Tras un par de minutos probando ella el sabor de mi aparato nos cambiamos el rol. Ante mí tenía un coño que, aunque no estaba recién depilado, se notaba que no hacía ni una semana que lo hizo.

Succioné y lamí aquél tesoro durante varios minutos, pero tenía yo mi polla palpitando y en su máximo esplendor. Creo que ya no cabía más sangre en su interior, así que me decidí y le penetré. No sé todavía cómo no salió humo de allí, tanto mi polla como su coño estaban calentísimos. Afortunadamente ella había lubricado suficiente y no costó mucho penetrarla.

– ¡OH, SÍ! ¡¡QUÉ BIEEEEN!! Eso es ¡FÓLLAME!

– ¿Te gusta mi polla? Pues  toma polla.

– Aaaah, sí, sigue.

Estuve unos segundos siguiendo un ritmo rápido, pero tuve que frenarme porque sabía que no iba a aguantar mucho así, así que la estuve follando tranquilamente hasta que ella quiso cambiar de postura, como el sofá era un poco incómodo nos fuimos a su cuarto y allí me tumbó sobre la cama cara arriba y ella se colocó sobre mí, se insertó mi rabo entre sus piernas y comenzó a cabalgarme.

Mientras tanto, yo agarré firmemente su espléndido culo, parecía que me estuviera follando a una chica de, como mucho, 20 años, por aquél formidable trasero, pero con la experiencia de una mujer hecha y derecha, de hecho ella me follaba a mí mejor que yo a ella.

Enseguida tuve que frenarla porque veía que me venía.

– Para, para, para… Que me corro.

– Pues córrete

– ¡NO! Antes tengo que follarte desde atrás.

Inmediatamente la agarré de la cintura, la puse a cuatro patas y volví a introducir mi pene en su vagina. Empecé poco a poco, pero al tener a la vista su trasero me vine arriba y aceleré el ritmo, en apenas un minuto llegué al orgasmo, así que en cuanto noté que iba a salir todo mi semen saqué mi polla y rocié aquel trasero con mi leche.

Como sabía que ella no se había corrido, comencé tranquilamente a comerle, de nuevo, su coño. No me creía capaz en un principio, pero no tardé en recuperar mi erección y me decidí a volver a penetrarla, aquello resultó más brutal de lo que pensaba después de haberla penetrado anteriormente.

En apenas cinco o seis embestidas ella comenzó a temblar, su vagina se llenó de fluidos y sus gemidos crecieron tanto en intensidad como en cantidad, ya se había corrido, así que saqué mi polla de ahí. Ella, para corresponderme, se introdujo mi pene en su boca y cuando me iba a correr le avisé. El poco semen que me quedaba lo eché esta vez sobre sus pechos.

Aquel fue uno de los mejores polvos de mi vida. Desde entonces, cuando nos vemos, todo sigue igual. Ella no me habla mucho y solo se limita a mirarme, pero con una mirada más picantona. ¿Repetiremos alguna vez?

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